Raphael Dómine

Raphael Dómine

jueves, 21 de marzo de 2013

El fruto del amor

No importa donde se esconda Adán,
Eva siempre lo encontrara.

Siempre su amor me persigue. Yo no he podido olvidar el sabor de sus senos. Somos como esporas que separa el viento y no importa el tiempo ni el espacio, siempre se vuelven a juntar.
Más de una vez viví un amor. Pero ninguno puede acercarse siquiera a lo que ella me hace sentir. Podría dejar de escribir, de respirar, pero olvidarme de ella me es inconcebible.
Llegue quince minutos antes. Leía mientras esperaba, tratando disimular mi nerviosismo. Mis ganas de verla otra vez. Todo el barullo del subterráneo quedo olvidado cuando ella llego. Mire detenidamente cada milímetro de perfección. Sus piernas delgadas entalladas en una mezclilla obscura, su esbelto abdomen, aquellos senos que parecían ocultarse a mis ojos, su cabellera castaña acariciando su espalda y sus delicados hombros. Su rostro que era como la de una geisha.
Suspire lenta y profundamente mientras se acercaba. Tomo unos segundos incorporarme. Se puso frente a mí y sin decir palabra alguna me beso. Son sus labios un hechizo irresistible. Son sagrada escusa para querer vivir. Sentí como mi alma se desprendía y se quedaba junto a ella. Tomo distancia y sonrió.
Ya adentrados en la charla sus palabras me golpeaban como cachas. Ese amor tan solo mío, tomaría vuelo y me dejaría desangrar.  Pero como pedirle que no se casara, si lo nuestro se hundía entre cobardías. Sonreí, forzando tanto el gesto que era visible mi incomodidad. Tan solo me quedaba escucharla hablar sobre como su amor me sería arrebatado. Pero no podía alejarse tan solo así de mí. Quería que nuestros cuerpos se cortejaran por última vez.
Y fue de ese modo que me enfrasque en todo esto. Su boda sería en un mes. Simule ayudar en los preparativos para no levantar sospechas. Caminamos cada tarde tomados de la mano a las puertas de un hotel. El tiempo fue testigo de nuestros besos, de los abrazos y las caricias que ahí surgían. Agotamos las variantes para unirnos. Y de pronto un día mientras besaba sus pezones me lo dijo <<Culminemos este amor eternamente, bésame y deja dentro de mí toda nuestra historia, que nuestras semillas se unan para esculpir el tributo a nuestro amor>>
Y con los ojos llorosos la mire, eternamente bella, como una virgen. Mi cuerpo cedió a las cargas eléctricas y a los temblores. En medio de un te amo fluyó nuestra historia como olas dentro de su templo.
Después de esa ocasión no volvimos a estar desnudos en una habitación. La ceremonia que la arrebato de mí surgió como estaba planeado. No tuve el valor de asistir. De mirarla decirme adiós.
De nuevo el mundo nos separo, yo no supe mas de ella hasta hace pocos días. Tan solo es la madre de un varón de siete años. Después de su boda muchas tragedias aconteció. Murió en un accidente aquel que me la había robado. Tuvo que arreglárselas sola. Su familia le dio la espalda. Entre transeúntes nos fuimos a encontrar. Es cierto al verla mi corazón se detuvo. No sabía si era un espejismo o realidad. Una pequeña mano blanca tomaba su mano derecha. Un tierno rostro adornado con pelo rizado sonreía seguramente. Platicamos un tanto en un lugar de comida rápida de esta ciudad. No podía creer todo cuanto me decía. Tan pronto tuve fuerzas pregunte por el pequeño. Se llama Rocco, como su papá, respondió. Mi alma grito un suspiro al ver ese amor que nos unió había dado frutos.

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