Tiene
un mes que
se fue, con
sus pies de
hoja y sus alas muertas. Huyo de
un destino que no le emocionaba. Corrió sin temor al mañana, sacando de su bolsillo un pasado injusto.
No vino a despedirse de mí. Solo tú,
domadora de mares la
viste partir y hacerse
espuma con las
nereidas.
Al día siguiente
una carta bajo la
puerta me hacia consciente de que no la volvería a ver. Sus labios jamás me harían suspirar.
Que importaba el tiempo y nuestras vidas opuestas. Que importaba
su edad y mis depravaciones. Si al final la soledad nos unía, como a dos extraños que no se quieren separar.
Su nombre resonaba en mi alcoba, su nombre
que para mí
no tenía igual, globalizaba la belleza fémina, era el nombre que todo hombre desea poseer. Melissa
¿Por
qué se fue Luna mía?
¿Por
qué su alma
no soporto más?
¿Por
qué sé fue,
sin llevarme con ella al
precipicio?
Recuerdo
sus depresiones, sus llantos y también
sus escasas sonrisas, recuerdo cada milímetro que conformaba su cuerpo blanco, su cuerpo que asemejaba a Arikel.
Esa noche dormimos juntos, desnudos nos miramos prójimos de la soledad, de la desesperanza y tuve el valor de confesarle mi gusto por ella, sus ojos comenzaron
a nublarse y nació
la lluvia de su lagrimal. La bese,
como hace mucho no besaba
a alguien, entregando el alma
en un solo
beso. Me sentí el hombre más afortunado esa noche al quedarme dormido con su cuerpo entrelazado a mis brazos.
Al despertar el sueño había terminado, ella se
había ido, el
sobre blanco bajo la
puerta me anuncio
su adiós. Tome mi
ropa y salí a buscarla como quien pretende incierta la fugacidad de un cometa, pero teme la
realidad tan evidente.
La busque por días y noches hasta que el mar volvió a mí un trozo de su inmaculado vestido.
Y llore, como cuando descubres que la luna es
sorda y no puedes dejar de contarle cada una de tus tristezas.
Esa noche agobiado quise desangrar, mire el
vacío que ella miro y comprendí que no callo, se marcho
siguiendo a las estrellas.
Cada vez
que miro al
cielo sonreír, son más
mis ganas de dormir
por siempre, e ir corriendo tras sus
huellas.
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